Rioja, terroir y garage wine: 100 puntos Parker, Benjamin Romeo

Benjamín Romeo: del garaje a los 100 puntos Parker

Una botella con una puntuación perfecta llama la atención. Pero cuando se habla de Rioja, terroir, vinos de garaje y 100 puntos Parker, la conversación verdaderamente interesante empieza justo después del número: ¿qué paisaje hay detrás?, ¿quién tomó las decisiones en el viñedo y en la bodega?, ¿qué camino hubo que recorrer para llegar hasta allí? Y, sobre todo, ¿qué nos cuenta el vino cuando finalmente llega a nuestra copa?

Pocas historias de la Rioja contemporánea responden a estas preguntas de una forma tan fascinante como la de Benjamín Romeo y Bodega Contador.

Antes de Contador: aprender Rioja desde dentro

La historia de Benjamín Romeo no comienza con los 100 puntos ni con una bodega espectacular. Mucho antes hubo años de formación, viñedo, observación y experiencia.

Romeo desarrolló una parte fundamental de su trayectoria profesional en Artadi, uno de los proyectos que contribuyeron a transformar la percepción del vino riojano en las últimas décadas del siglo XX. Allí trabajó hasta el año 2000, antes de dedicarse por completo a su propio proyecto.

Pero mientras desarrollaba aquella carrera profesional, otra historia ya había comenzado.

En 1995, Benjamín Romeo adquirió una antigua cueva excavada en la roca bajo el castillo de San Vicente de la Sonsierra. Un lugar pequeño, casi elemental, pero situado en el paisaje que acabaría definiendo sus vinos.

En 1996 elaboró allí la primera cosecha de La Cueva del Contador. Al mismo tiempo comenzó a adquirir pequeñas viñas y parcelas con una idea que, vista desde hoy, parece evidente: construir sus vinos desde el origen.

En 1999 llegó la primera añada de Contador.

Y en el año 2000, viendo la acogida que estaban obteniendo aquellas primeras elaboraciones, decidió dedicarse plenamente a su proyecto personal.

Rioja y terroir: la parcela antes que la fórmula

Para entender a Benjamín Romeo hay que entender primero una determinada manera de mirar Rioja.

Rioja no es una sola fotografía. Es un mosaico de pueblos, altitudes, orientaciones, microclimas, variedades y suelos. Incluso dentro de un mismo municipio, dos parcelas próximas pueden ofrecer expresiones muy diferentes.

Y eso es precisamente lo que convierte el concepto de terroir en algo mucho más amplio que hablar simplemente de tierra.

Terroir es suelo, pero también clima, altitud, orientación, variedad, edad de las cepas y trabajo humano. Es la interacción de todos esos factores durante años.

Bodega Contador posee actualmente más de cincuenta parcelas, con diferentes suelos, microclimas, orientaciones, altitudes, variedades y clones. Esa diversidad constituye una de las bases de la complejidad de sus vinos.

La filosofía de trabajo lleva esa atención al detalle hasta extremos poco habituales.

La vendimia se realiza manualmente; la uva llega a bodega en pequeñas cajas de 14 kilos y en un plazo máximo de media hora. Primero se seleccionan manualmente los racimos y, después del despalillado, se vuelve a seleccionar grano a grano. Los movimientos del vino se realizan por gravedad y Benjamín Romeo participa personalmente en numerosas decisiones, desde el trabajo en las viñas hasta la selección de los robles y los corchos.

Aquí el concepto de terroir deja de ser una palabra bonita para convertirse en una forma de trabajar.

De una cueva a un garaje

Y entonces llega una de las partes más extraordinarias de la historia.

La pequeña cueva ya no ofrecía capacidad suficiente para continuar creciendo. En 2001, Benjamín Romeo acondicionó el garaje de la casa de sus padres en San Vicente de la Sonsierra y lo convirtió en espacio de elaboración.

Esta vez sí hablamos de un auténtico garage wine.

El término se había popularizado especialmente en Burdeos para describir vinos producidos en cantidades muy pequeñas, con medios limitados pero con una atención casi obsesiva al detalle. En el caso de Romeo, la historia no necesitaba construir una leyenda alrededor de un garaje: el garaje existía.

Y allí se elaboraron los vinos que cambiarían su historia.

100 puntos Parker. Y después, otros 100

El reconocimiento internacional llegó de una manera difícil de imaginar para un proyecto de aquellas dimensiones.

Contador 2004 recibió 100 puntos en The Wine Advocate.

Y la siguiente añada volvió a hacerlo.

Contador 2005: otros 100 puntos.

Dos cosechas consecutivas de un vino elaborado en aquel garaje alcanzaban la máxima puntuación. La propia Bodega Contador describe aquel reconocimiento como algo hasta entonces inédito en España y señala que disparó el prestigio internacional de la marca.

De repente, aquel pequeño proyecto de San Vicente de la Sonsierra estaba en el mapa mundial del vino.

Pero reducir la historia de Benjamín Romeo a aquellos 100 puntos sería quedarse precisamente con la parte menos interesante.

Porque los puntos fueron consecuencia de un camino, no el punto de partida.

¿Qué significan realmente 100 puntos?

Recibir 100 puntos de un crítico de la influencia que tuvo Robert Parker puede transformar la vida comercial de un vino. Aumenta su visibilidad internacional, despierta el interés de coleccionistas y profesionales y puede convertir una producción pequeña en un vino prácticamente imposible de conseguir.

Pero una puntuación no sustituye al vino.

Ni al gusto propio.

Los puntos son una referencia dentro de un contexto determinado. Nos dicen que un crítico encontró en aquel vino una expresión extraordinaria según sus criterios. No nos dicen necesariamente cuál será nuestra botella favorita, qué vino funcionará mejor en nuestra mesa o cuál nos emocionará más.

Por eso quizá la mejor manera de acercarse a un vino de 100 puntos sea hacerlo con curiosidad y no con reverencia.

Servirlo.

Esperar.

Oler.

Probar.

Volver a la copa veinte minutos después.

Y preguntarse qué estamos encontrando realmente allí.

Del garaje a una bodega pensada desde el paisaje

El éxito no hizo que Benjamín Romeo abandonara aquella obsesión por el origen.

Entre 2004 y 2006 comenzó a diseñar junto al arquitecto Héctor Herrera la que sería la nueva Bodega Contador. Las obras se desarrollaron entre 2006 y 2008 y la bodega fue inaugurada el 21 de junio de 2008, coincidiendo con el solsticio de verano.

La elección del lugar tampoco fue casual.

La bodega se encuentra a los pies de San Vicente de la Sonsierra, rodeada por los viñedos del proyecto. Sus tres niveles siguen los desniveles naturales del terreno y permiten mover tanto la uva como el vino aprovechando la gravedad.

Incluso el edificio parece querer desaparecer dentro del paisaje: terrazas cubiertas de vegetación y muros concebidos para que el paso del tiempo los vaya integrando visualmente con la tierra.

De alguna manera, la trayectoria completa vuelve al mismo punto de partida:

la tierra.

La Rioja de Benjamín Romeo

Durante décadas, buena parte del consumidor entendió Rioja principalmente a través de las categorías de envejecimiento: Crianza, Reserva y Gran Reserva.

Siguen siendo referencias importantes, pero no cuentan toda la historia.

Productores como Benjamín Romeo ayudaron a poner otra conversación sobre la mesa: la parcela, el pueblo, el suelo, la orientación, la viña y la interpretación personal del paisaje.

No se trata de decidir que una forma de entender Rioja es superior a otra.

Se trata de reconocer que Rioja admite muchas voces.

Puede ser delicada, floral y fresca. Puede ser profunda, estructurada y poderosa. Puede hablar de ensamblajes de diferentes viñedos o concentrarse en la personalidad de una parcela determinada.

Lo verdaderamente interesante empieza cuando dejamos de preguntar únicamente cuánto tiempo ha permanecido un vino en barrica y comenzamos a preguntar:

¿de dónde viene?

Benjamín Romeo en La SEDe: una cata muy especial

El 30 de agosto de 2026, coincidiendo con el cuarto aniversario de La SEDe Vinoteca, quisimos dedicar una de nuestras grandes catas precisamente a esta historia.

Bajo el título “El hombre que cambió Rioja desde un garaje”, Susanne Zinn, WSET Level 3, dirigió una cata homenaje a Benjamín Romeo y a su manera de entender el vino.

La experiencia culminó con la degustación de tres vinos de la Colección de Benjamín Romeo: Colección Nº1, Colección Nº2 y Colección Nº3.

Tres vinos para hablar no solamente de aromas, estructura o crianza, sino del camino recorrido por un viticultor y enólogo que comenzó elaborando cantidades diminutas en una cueva, pasó literalmente por el garaje de la casa de sus padres y terminó situando sus vinos entre los más reconocidos internacionalmente de Rioja.

Para nosotros fue también una manera de explicar algo que forma parte de la filosofía de La SEDe.

Las grandes botellas son fascinantes. Las puntuaciones pueden ayudarnos a descubrirlas. La historia de una bodega puede hacer que comprendamos mejor lo que tenemos delante.

Pero al final llega el momento decisivo:

el vino está en la copa.

Y ahí desaparecen los números.

En La SEDe creemos que probar, comparar y preguntar es una de las mejores maneras de aprender sobre vino. Por eso defendemos la posibilidad de descubrir grandes referencias por copa y enfrentarse a ellas sin prejuicios.

Un vino de 100 puntos puede abrir una puerta extraordinaria.

Pero el verdadero descubrimiento sucede cuando comprendemos por qué ese vino sabe como sabe, de qué tierra procede y quién está detrás de él.

Porque detrás de Contador hay mucho más que dos puntuaciones perfectas.

Hay una cueva.

Un garaje.

Decenas de pequeñas parcelas.

San Vicente de la Sonsierra.

Y, sobre todo, la visión de Benjamín Romeo.